Introducción: ¿Por qué es clave el diagnóstico precoz?
El diagnóstico precoz de la infección por VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) es una herramienta esencial tanto para la salud individual como para el control de la transmisión en la comunidad. Detectar estas infecciones en fases tempranas:
- Mejora el pronóstico clínico, al permitir un tratamiento eficaz y precoz.
- Reduce la transmisibilidad, especialmente en el caso del VIH, donde el tratamiento antirretroviral logra carga viral indetectable (quedando la infección intransmisible).
- Evita complicaciones asociadas a ITS no diagnosticadas, como enfermedad inflamatoria pélvica, infertilidad o sífilis congénita.
- Permite intervenir sobre cadenas de transmisión activas mediante la notificación asistida a parejas y el tratamiento de casos asintomáticos.
En la actualidad, un porcentaje significativo de personas con VIH o ITS desconoce su estado serológico, y muchas oportunidades de diagnóstico se pierden en consultas rutinarias, analíticas o urgencias. Incorporar el diagnóstico activo de la infección oculta en la práctica clínica habitual permite revertir esta situación.
Este apartado tiene como objetivo facilitar a los profesionales sanitarios las herramientas para identificar de forma sistemática y segura a quién realizar pruebas de VIH e ITS, cómo hacerlo, y con qué frecuencia, de acuerdo a la mejor evidencia científica disponible y respetando el marco legal vigente.
Test de VIH
1. El Test del VIH debe formar parte de la práctica clínica habitual
El diagnóstico precoz del VIH salva vidas y frena la transmisión. Sin embargo, en Andalucía se estima que casi el 10 % de las personas con VIH no saben que lo tienen, y alrededor del 40% de los nuevos diagnósticos se siguen produciendo de forma tardía. La mayoría de estas oportunidades perdidas ocurren en consultas rutinarias, analíticas o episodios de atención urgente.
Por eso, las principales guías nacionales e internacionales recomiendan incorporar de forma sistemática el diagnóstico del VIH en población general, especialmente en atención primaria y urgencias.
Si atiendes a una persona de 20 a 59 años sexualmente activa a la que vas a realizar una analítica, ofrécele la prueba del VIH aunque no refiera prácticas de riesgo.
Este diagnóstico es especialmente relevante en provincias con tasas elevadas de nuevos diagnósticos, pero puede aplicarse en cualquier entorno clínico, normalizando la prueba e integrándola como parte de la salud sexual rutinaria.
Además, cualquier persona que solicite la prueba debe recibirla, sin necesidad de justificar motivos. La aceptación de la prueba en estos contextos es casi del 100% cuando se ofrece de forma clara, respetuosa y rutinaria.
2. ¿A quién más se debe ofrecer la prueba?
- Personas con mayor vulnerabilidad a la infección por VIH
- Hombres que tienen sexo con hombres (HSH).
- Personas que ejercen el trabajo sexual.
- Usuarios actuales o pasados de drogas inyectadas.
- Personas trans con prácticas sexuales de riesgo.
- Personas procedentes de países con alta prevalencia de VIH (>1%) y sus parejas.
- Personas privadas de libertad o recién excarceladas.
- Personas que practican chemsex o tienen múltiples parejas sexuales sin preservativo.
- Personas con antecedentes de ITS recientes.
Estas personas deben recibir la oferta de la prueba al menos una vez al año, y cada 3-6 meses si mantienen prácticas de riesgo. Además, si el riesgo es alto se debe valorar si son candidatas a Profilaxis Pre-Exposición (PrEP)
- Personas con condiciones clínicas indicadoras
Aunque no refieran prácticas de riesgo, debe ofrecerse la prueba del VIH ante cualquier cuadro compatible con infección aguda o crónica por VIH, entre ellos:
- ITS activas (sífilis, gonococo, clamidia, etc.).
- Tuberculosis.
- Hepatitis B o C.
- Fiebre prolongada, pérdida de peso no explicada.
- Adenopatías generalizadas, exantemas no filiados.
- Herpes zóster en personas jóvenes o de localización extensa.
- Neumonías atípicas, candidiasis oral, citopenias no justificadas.
- Solicitud del paciente, aunque no explique por qué.
Estas indicaciones clínicas están incluidas en la estrategia europea HIDES y son recogidas por la guía del Ministerio de Sanidad y las recomendaciones de GeSIDA. Puedes consultarlas en el área de recursos de esta web.
- Situaciones específicas
- Mujeres embarazadas: en el primer trimestre del embarazo, y de nuevo en el tercer trimestre si existen factores de riesgo.
- Personas que han sufrido una agresión sexual: test inicial y durante el seguimiento.
- Personas que inician PrEP o PEP.
- Parejas de personas con VIH que no toman el tratamiento
3. Frecuencia recomendada para la realización de pruebas
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Perfil del paciente |
Frecuencia aconsejada |
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Persona de riesgo elevado mantenido (valorar PrEP) |
Cada 3 a 6 meses |
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Persona con riesgo ocasional |
Al menos una vez al año |
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Población general (20–59 años sexualmente activa) |
Una vez en la vida (mínimo), repetir si cambian las circunstancias |
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Embarazadas |
1.ᵉʳ trimestre (y 3.ᵉʳ si riesgo añadido) |
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Persona con exposición reciente |
Repetir a las 6 semanas y 3 meses |
4. ¿Qué tipo de consentimiento es necesario?
- En personas donantes de sangre, tejidos, órganos o semen, el cribado de VIH es obligatorio y no requiere consentimiento.
- En todos los demás casos, solo se necesita consentimiento verbal tras haber informado brevemente al paciente.
No es necesario firmar ningún documento.
Dejar constancia del consentimiento verbal en la historia clínica es suficiente. La prueba debe realizarse siempre con confidencialidad, respeto y garantía de no discriminación.
Test de ITS
El diagnóstico activo de las infecciones de transmisión sexual (ITS) es una estrategia esencial para detectar infecciones asintomáticas, frenar la transmisión y prevenir complicaciones como la enfermedad inflamatoria pélvica, la infertilidad o la sífilis congénita.
La mayoría de las ITS cursan sin síntomas
Esta es la clave: la mayoría de las ITS bacterianas —como clamidia, gonococo o sífilis— son asintomáticas durante mucho tiempo. Esto significa que no podemos esperar a que haya síntomas para diagnosticar.
Por eso, las guías recomiendan realizar pruebas periódicas, incluso en personas sin síntomas, especialmente si presentan prácticas sexuales de riesgo o forman parte de grupos con mayor prevalencia.
1. ¿A quién se debe ofrecer las pruebas?
Según el Documento de Consenso SEIMC-GeITS-GeSIDA 2024 (disponible en el área de recursos), el test diagnóstico debe ofertarse en los siguientes casos:
- Toda persona que lo solicite
La guía SEIMC 2024 especifica que debe ofrecerse el diagóstico de ITS a toda persona que lo solicite, sin necesidad de justificar síntomas o pertenencia a un grupo de riesgo. Es una medida de autocuidado sexual que debe normalizarse.
- Poblaciones clave (test al menos anual, o cada 3–6 meses si riesgo elevado)
- Hombres que tienen sexo con hombres (HSH).
- Personas que viven con VIH.
- Personas que ejercen el trabajo sexual.
- Personas trans con prácticas sexuales activas.
- Usuarios de PrEP.
- Personas con múltiples parejas sexuales o prácticas sin preservativo.
- Personas con antecedentes de ITS recientes.
- Mujeres jóvenes sexualmente activas
- Test de clamidia y gonococo en todas las mujeres menores de 25 años al menos una vez al año, aunque estén asintomáticas.
- En mayores de 25 años, valorar el test si existen factores de riesgo (nueva pareja, múltiples parejas, ITS previa, no uso de preservativo).
- Personas embarazadas
- Todas las gestantes deben realizar serología de sífilis en el primer trimestre.
- Añadir test de clamidia y gonococo en mujeres <25 años o con factores de riesgo.
- Repetir las pruebas en el tercer trimestre si hay riesgo continuo.
- Contactos de personas con ITS
- Cualquier persona que haya mantenido relaciones sexuales con una pareja diagnosticada de ITS debe realizarse la prueba, incluso en ausencia de síntomas.
2. La anamnesis sexual es clave
Para decidir qué ITS testar y en qué localizaciones, es imprescindible hacer una anamnesis sexual estructurada y sin prejuicios. Esta debe incluir:
- Sexo asignado al nacer e identidad de género.
- Número de parejas sexuales recientes.
- Tipo de prácticas sexuales (oral, vaginal, anal).
- Uso de preservativo.
- Consumo de sustancias (incluido chemsex).
- Historial de ITS previas.
La anamnesis permite identificar prácticas de riesgo y elegir correctamente las muestras anatómicas que deben tomarse. Sin esta información, el diagnóstico puede ser incompleto.
3. ¿Qué ITS y qué muestras debo solicitar?
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ITS |
Muestras recomendadas según prácticas sexuales |
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Clamidia / Gonococo |
Auto-frotis vaginal / uretral / orina 1.ª micción / rectal / faríngea según prácticas |
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Sífilis |
Serología (VDRL, RPR, TPHA o equivalentes) |
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Hepatitis B y C |
Serología (HBsAg, anti-HCV) |
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Tricomonas vaginalis |
Frotis vaginal o PCR en mujeres con síntomas o riesgo |
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Mycoplasma genitalium |
Solo si uretritis persistente o cervicitis recidivante |
La técnica que se debe utilizar técnicas de amplificación de ácidos nucleicos (PCR) y actualmente se pude solicitar desde Atención Primaria. Las infecciones extragenitales son frecuentes y silenciosas, especialmente en HSH y mujeres trans.
4. ¿Cada cuánto repetir las pruebas?
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Perfil del paciente |
Frecuencia recomendada |
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Poblaciones clave con riesgo continuado |
Cada 3–6 meses |
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Personas con VIH |
Mínimo 1 vez al año |
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Usuarios de PrEP |
Cada 3 meses |
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Mujeres <25 años sexualmente activas |
Al menos 1 vez al año |
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Contactos de personas con ITS |
Inmediatamente + seguimiento según ventana |
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Gestantes con riesgo |
1.º trimestre (+ 3.º si procede) |
5. Oportunidades para no dejar pasar
- Consulta rutinaria en atención primaria o urgencias, incluso por motivos no relacionados.
- Consulta de citología o anticoncepción.
- Control prenatal.
- Consulta de ITS, VIH o salud sexual.
- Consulta post-exposición sexual o agresión.
Cada visita médica es una oportunidad para detectar ITS de forma precoz. No esperar a que haya síntomas es clave.
Estrategias para aumentar el diagnóstico de VIH e ITS
Incorporar el diagnóstico activo en la práctica clínica no depende solo del conocimiento técnico. También exige cambiar la manera de ofrecerlo, normalizarlo como parte del cuidado rutinario y aprovechar cada oportunidad asistencial.
La mayoría de personas acepta hacerse la prueba si se ofrece con claridad, respeto y como parte de un abordaje integral de la salud.
1. Ofrecer la prueba de forma sistemática, no solo si se sospecha algo
Mensaje clave: No hay que esperar a que haya síntomas o que el paciente refiera prácticas de riesgo para ofrecer la prueba.
- En atención primaria, incorpora sistemáticamente el VIH en cualquier analítica a personas de 20 a 59 años sexualmente activas.
- Incluye el diagnóstico de ITS en revisiones ginecológicas, citologías, controles de anticoncepción, revisiones de salud sexual y seguimiento de VIH o PrEP.
- Recuerda que muchas ITS son asintomáticas: si no las buscamos, no las encontraremos.
2. Pregunta siempre por la salud sexual
Realizar una anamnesis sexual breve, estructurada y sin juicios ayuda a conocer el riesgo real del paciente y las localizaciones que debemos testar. Algunas claves:
- Introduce la pregunta con naturalidad:
“Para cuidar bien de tu salud, me gustaría hacerte unas preguntas sobre tus prácticas sexuales. ¿Te parece bien?” - Pregunta por prácticas (oral, anal, vaginal), número de parejas recientes, uso de preservativo, consumo de drogas recreativas (chemsex).
- Usa lenguaje inclusivo y profesional.
Incluir la sexualidad como parte de la historia clínica es una herramienta diagnóstica, no un interrogatorio.
3. Usa un lenguaje que reduzca el estigma
Evita expresiones como “grupo de riesgo” o “conducta peligrosa”. Prefiere:
- “personas con mayor vulnerabilidad a adquirir ITS”
- “prácticas sexuales sin protección”
- “personas con múltiples parejas sexuales recientes”
Normaliza el test como parte del cuidado general de salud, como quien se hace una analítica de colesterol.
4. Integra las pruebas en circuitos asistenciales habituales
- Hay perfiles predefinidos en el sistema informático con solicitudes conjuntas de serologías y muestras para ITS.
- En urgencias o AP, si hay síntomas compatibles, incluye la batería completa desde el inicio (VIH, sífilis, clamidia, gonococo, VHB/C si procede).
5. Apóyate en recursos comunitarios
- Contacta con organizaciones comunitarias cuando el entorno sanitario no permita cubrir todas las necesidades (test rápidos, acompañamiento, notificación de parejas).
- Infórmate de puntos de diagnóstico accesibles en tu zona: farmacias, ONGs, centros comunitarios.
Recuerda: cada prueba que se ofrece es una oportunidad de cuidar mejor, romper cadenas de transmisión y normalizar la salud sexual en la atención clínica. El diagnóstico activo debe ser parte de nuestra práctica cotidiana.
Integrar el diagnóstico activo en la práctica clínica diaria
El diagnóstico precoz de la infección por el VIH y otras ITS es una de las intervenciones con mayor impacto sanitario, tanto a nivel individual como poblacional. Disponer de herramientas diagnósticas eficaces no es suficiente si no se integran de forma sistemática en la actividad asistencial.
Desde el PAITSIDA recordamos que:
- El diagnóstico del VIH debe incorporarse como parte habitual de las analíticas solicitadas en personas sexualmente activas, especialmente en el tramo de edad entre 20 y 59 años.
- Las ITS deben buscarse activamente, incluso en ausencia de síntomas, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad o exposición.
- La anamnesis sexual debe formar parte de la atención integral a la persona, permitiendo orientar el tipo de pruebas a realizar según las prácticas sexuales referidas.
- Toda persona que solicite la prueba tiene derecho a recibirla, en condiciones de confidencialidad, respeto y sin estigmatización.
Los profesionales de atención primaria y urgencias tienen un papel clave en la prevención, detección precoz y abordaje de estas infecciones. Integrar el diagnóstico en la práctica diaria no solo mejora el pronóstico individual, sino que contribuye de manera directa al control epidemiológico.
Facilitar el diagnóstico precoz es una responsabilidad compartida. Incorporarlo de forma sistemática en la consulta es una muestra de buena práctica clínica.